Será el primer alojomiento de este tipo, entre hotel y albergue en Álava. La asociación de salineros es la que lo ha financiado y espera abrir sus puertas en verano.

 

 

 

Un nuevo y llamativo edificio blanco se alza en el centro de Salinas de Añana, en la plaza de Don Miguel Díaz Tuesta. Unas viejas ruinas que en su día albergaron un edificio que fue sede del Banco de Bizkaia, tuvo el primer teléfono público, hubo una parte dedicada a ultramarinos y hasta albergó una sastrería, se ha convertido en el primer hostel de Álava, una alternativa a medio camino entre un hotel y un albergue que su rehabilitación ha corrido por cuenta del estudio 1307 Arquitectos de Vitoria con la colaboración del arquitecto Ángel García Armentia.

La iniciativa es de la Comunidad de Caballeros Herederos de las Reales Salinas de Añana-Gatzagak, S.A., la asociación de salineros y la empresa que aglutina a los salineros, cuyo presidente, Valentín Angulo cuenta que las obras comenzaron hace un par de años y la razón se debe a que “dentro de los acuerdos que tenemos en la Fundación Valle Salado, parte del canon que cobramos por ceder los derechos de uso de la muera, es nuestro deber el reinvertir en medios o servicios a nuestro entorno”.

De ahí este proyecto, que dota de una nueva infraestructura al Valle y que previsiblemente generará siete puestos de trabajo y una interesante actividad económica. Explica que, aunque en Añana ya hay casas rurales y algún restaurante, “porque hemos estado sin ninguno”, ante el aumento del flujo de visitantes decidimos poner en marcha esta idea “porque era una de las carencias que teníamos en la zona y un hostel siempre viene bien en un municipio con tantas visitas”.

Podría haber sido un hotel, en vez de un hostel, pero pensaron que el hostel requiere de menos personal, ya que un hotel necesita de servicio nocturno o de habitaciones. “Siendo un hostel, un albergue, cubrimos en primer lugar la pernoctación y a un precio más económico. Esto significa que en la planificación de los gastos del viaje, el alojamiento no supone una carga económica”.

El hostel cuenta con cuatro plantas. En la primera está el acceso al alojamiento, la cocina, el almacén. Por escalera o por ascensor se accede a la planta superior que tiene el bar y el comedor y acceso desde la plaza y el siguiente piso está dedicado al alojamiento. Para ello cuenta con cinco habitaciones: una para matrimonio con servicio completo, otra cuenta con seis literas y las otras tres tienen cuatro literas cada una de ellas. Los servicios son comunes. Por último, la cuarta planta tiene una habitación con baño completo y una zona común con espacio para el esparcimiento, cuarto para lavadoras y secadoras y donde habrá un microondas, una cafetera y alguna cosa más al servicio de las personas alojadas.

Valentín Angulo cuenta sobre el restaurante que “hemos considerado que Salinas también lo demanda, aunque está funcionando lo que es el Palacio de Añana y el de las piscinas municipales. Pero intentamos que este pueda ser un restaurante de mayor nivel”. En cuanto al bar, anticipa que la terraza ocupará toda la fachada del edificio, ya que es intención del ayuntamiento -como en otras localidades históricas- impedir el estacionamiento de coches, aunque si se podrá realizar parada de carga y descarga o para acceder a los servicios que hay en esa zona del pueblo, como la farmacia, el ayuntamiento o la oficina de turismo.

800.000 EUROS DE INVERSIÓN Para poder construir esta infraestructura, Gatzagak, S.A. ha destinado alrededor de 800.000 euros. “Teníamos el compromiso de crear un equipamiento y para hacerlo en condiciones tuvimos que derribar casi entero el resto de edificio que había anteriormente, aunque se pudieron salvar las paredes de carga de la primera planta. El resto es todo nuevo”.

Para la construcción se ha mantenido el mismo sistema de utilización de madera para la estructura, con especial cuidado en la calidad de todos los materiales y sus características aislantes de temperaturas, acústicas. En cuanto a los precios que vayan a regir su utilización están a la espera de adjudicar la gestión del hostel a una empresa especializada. “Aunque partamos de unas líneas básicas, consideramos que debe ser el futuro gestor quien establezca la línea de costes. Él sabrá cuáles son las líneas de rentabilidad que le quiera sacar y por eso, los precios los pondrá la empresa que lo regente”, añade el presidente de la asociación.

El Valle Salado y la asociación Gatzagak son, al mismo tiempo, “complementarias y al mismo tiempo uno. El declive del Valle Salado ya se produjo y fue Gatzagak quien recogió las riendas” y aunque “inicialmente dependemos de las aportaciones económicas de las diferentes administraciones, al constituirse la Fundación Valle Salado, de la que formamos parte como patronos, conformamos una unidad” junto con el ayuntamiento que se encarga de todo lo que son los accesos, el estacionamiento y los servicios, dos consejerías del gobierno vasco y dos departamentos de la Diputación Foral de Álava (Medio Ambiente y Cultura, en ambos casos). La presidencia recae en la Diputación. Habitualmente este patronato impulsa numerosas actividades a lo largo del año que atraen a miles de visitantes, pero durante la pandemia, los actos se han limitado a lo mínimo y con el menor número de personas posible, por seguridad.

Y es que, por un lado, las restricciones de movilidad han reducido el flujo humano de visitantes y, de hecho, tras la reapertura, se han reducido los integrantes de los grupos para visitas a seis personas. Por otra parte, la hostelería ha sufrido importantes vaivenes que cuestionaban la apertura de cualquier tipo de actividad de alojamiento, restauración u hostelería en general. Esta ha sido la razón del retraso en la inauguración del hostel, ya que la situación habría acarreado notables pérdidas económicas a quien se hiciera cargo de su gestión, pero lo tuviera que tener cerrado por decisión del gobierno.

La idea es poder abrir este verano, incluso en primavera, pero todo depende de la evolución de la crisis sanitaria. De momento, ya el año pasado no se pudo celebrar la Feria de la Sal y el espectáculo de luz y sonido, y para éste “por lo que vemos, creo que tampoco”. Una pena, porque en una noche se puede hacer un recorrido, contado por los propios vecinos de cómo fue la historia de 7.000 años de estas salinas, las diferentes culturas y pueblos que vinieron y dejaron su impronta. De lo que se guarda una cierta esperanza “es poder celebrar el ‘entroje’, la escenificación del traslado de la sal, una vez terminada la temporada, a los almacenes”. Es un momento de mucha presencia de visitantes que puede marcar el mejor comienzo del hostel que ha construido Gatzagak.

 

Fuente: Noticias de Álava